El impacto del estigma territorial
¿Cómo la estigmatización de un territorio produce exclusión y efectos sociales?
La exclusión, la discriminación y la desigualdad social no se originan únicamente en hechos visibles o episodios extremos. También se producen y se reproducen a través de procesos sociales persistentes que degradan territorios y convierten a quienes los habitan en sujetos permanentemente sospechosos. La ESTIGMATIZACIÓN TERRITORIAL constituye uno de esos mecanismos: un proceso mediante el cual un espacio urbano es públicamente definido como peligroso, indeseable o anómalo, legitimando prácticas de exclusión, discriminación y control que atraviesan la vida cotidiana.
Cuando un territorio es estigmatizado, el estigma no se limita a una representación negativa. Se traduce en restricciones concretas de acceso a derechos, servicios y oportunidades, condiciona trayectorias laborales y educativas y debilita los vínculos sociales. Un ejemplo ilustrativo, desarrollado por Kessler (2012), es el de los jóvenes que buscan empleo y ven interrumpido el proceso de selección en el momento en que mencionan su dirección: la sola referencia al lugar de residencia opera como un criterio implícito de exclusión, con independencia de las capacidades o la experiencia individual.
En este sentido, la estigmatización territorial no solo acompaña situaciones de violencia, sino que contribuye a producir las condiciones sociales que la hacen posible, al profundizar desigualdades, bloquear oportunidades legítimas de inclusión y normalizar prácticas de discriminación estructural. El estigma actúa, así como un factor que refuerza trayectorias de vulnerabilidad social y deteriora la relación entre individuos, comunidad e instituciones.
Desde este punto de vista, Gabriel Kessler analiza en Las consecuencias de la estigmatización territorial. Reflexiones a partir de un caso particular(2012) los efectos sociales de este proceso a partir de un estudio centrado en el Complejo Habitacional Ejército de los Andes, conocido públicamente como “Fuerte Apache”. El caso permite observar con claridad cómo la transformación simbólica de un barrio en emblema del peligro produce consecuencias que exceden el plano discursivo y se inscriben de manera duradera en la vida social.


Las consecuencias de la estigmatización territorial. Reflexiones a partir de un caso particular. Gabriel Kessler (2012)
En este trabajo, Gabriel Kessler analiza las consecuencias sociales de la estigmatización territorial a partir de un caso paradigmático del conurbano bonaerense: el Complejo Habitacional Ejército de los Andes, conocido públicamente como “Fuerte Apache”. El interrogante central del artículo es en qué medida la estigmatización de un territorio específico no solo produce privaciones simbólicas, sino que genera desventajas materiales concretas y agrava condiciones de exclusión social preexistentes entre sus habitantes.
El nombre “Fuerte Apache” emerge a comienzos de la década de 1990 en el discurso mediático y se consolida rápidamente como una etiqueta cargada de significados negativos asociados a la inseguridad, la delincuencia y la peligrosidad. A partir de este proceso de renombramiento, el barrio es transformado en un arquetipo del territorio peligroso, y su población pasa a ser colectivamente sospechosa. La estigmatización adquiere legitimidad en el espacio público y se reproduce de manera persistente, operando como un saber aparentemente objetivo que rara vez considera los efectos que produce sobre la vida cotidiana de quienes habitan el lugar.
Basado en un extenso trabajo de campo, el autor muestra que la estigmatización territorial no se limita al plano simbólico. Se traduce en un proceso de discriminación estructural, entendido como la acumulación histórica de decisiones institucionales —explícitas o implícitas— que restringen el acceso a servicios, derechos y oportunidades.
Estas dinámicas afectan al conjunto de la población del barrio y se manifiestan de manera particularmente intensa en determinados grupos, como los jóvenes, cuyas trayectorias laborales, educativas y sociales se ven condicionadas por el estigma, así como por prácticas reiteradas de control y sospecha por parte de las fuerzas de seguridad.
El artículo examina asimismo las formas en que el estigma es percibido, internalizado o cuestionado por los propios habitantes del barrio, identificando respuestas diversas que van desde la aceptación y la vergüenza hasta la normalización y el desafío explícito del estigma. Finalmente, Kessler reflexiona sobre el lugar de la escuela y la educación en este contexto y subraya los límites para revertir la estigmatización territorial mientras persistan las condiciones estructurales y las relaciones de poder que la producen y la sostienen en el tiempo.


Juventud estigmatizada
Los jóvenes aparecen como uno de los grupos más afectados por la estigmatización territorial. Uno de los impactos más visibles se observa en el acceso al empleo, donde la sola mención del lugar de residencia puede implicar la exclusión inmediata de un proceso de selección.
Kessler muestra que, para muchos jóvenes, declarar que viven en “Fuerte Apache” funciona como un criterio implícito de descalificación, independientemente de su formación, experiencia o disposición al trabajo. Esto bloquea la entrada al mundo laboral y limita la construcción de trayectorias autónomas. Estas restricciones no solo afectan los ingresos, sino que inciden en la autoestima, la proyección de futuro y la percepción de sí mismos como sujetos de derecho. El estigma territorial se convierte así en un obstáculo estructural para la inclusión juvenil.
A estas barreras se suma la relación con las fuerzas de seguridad. Ser joven y vivir en un barrio estigmatizado implica sospecha permanente, controles reiterados y experiencias de hostigamiento en muchos casos. La presencia policial se vive como control y vigilancia, más que como protección, reforzando la idea de que el barrio representa una amenaza para otros.
