ESTIGMATIZACIÓN
Link y Phelan (2001) señalan que hay estigma cuando cinco componentes se conjugan, -etiquetar, estereotipar, separar, pérdida de estatus y discriminación– en el marco de una relación de poder.
Es muy probable que el estigma sobre un lugar refuerce en ciertos pobladores prejuicios pre-existentes, acreciente un distanciamiento local más acentuado, un intento de desvincularse del estigma sobre el lugar, proyectándolo y concentrándolo luego sobre un sub grupo determinado al que a su vez se discrimina internamente.
Kessler, G. (2012). Las consecuencias de la estigmatización territorial. Reflexiones a partir de un caso particular. Espacios en blanco, 22, 165-198.

Vivir en un lugar o barrio que se considera públicamente como “peligroso”, “pobre”, “feo” etc. tiene consecuencias para los habitantes que ahí residen. Es lo que se denomina ESTIGMA TERRITORIAL. Vivir en sectores estigmatizados tiene enormes consecuencias para las personas, específicamente en la dimensión social, ya que afecta la manera en que nos relacionamos con otros y otras. Es decir, la estigmatización territorial tiene efectos en los vínculos interpersonales de los barrios más vulnerables. (Spuler Santos, E. (s.f.). El estigma territorial y sus repercusiones en el contacto social: el caso de Las Américas, Talca.

La estigmatización territorial es definida como una representación simbólica colectiva que opera a través del lenguaje y los símbolos sobre un determinado lugar, lo cual tiene implicancias decisivas sobre el futuro de ese espacio o territorio. Entre las implicancias, se han observado dos tipos de problemas mayores: (1) empleadores, educadores y funcionarios públicos que reaccionan, de acuerdo al lugar de origen de los potenciales empleados, estudiantes o receptores de ayuda pública, respectivamente, y (2) la asociación entre lugares con su posición social de clase, y la utilización de sus nombres como formas alternativas para palabras políticamente incorrectas asociadas a la raza o la clase. La estigmatización territorial es un proceso social y relacional que produce el efecto de un descrédito amplio y duradero. Es un mecanismo utilizado para etiquetar la inferioridad y dar cuenta del peligro que representan ciertos individuos.
Las principales fuentes de estigmatización territorial han sido tradicionalmente tres: el Estado, a través de funcionarios públicos y autoridades políticas; los medios de comunicación, mediante periodistas y productores; y parte de la academia, (especialmente aquellos cercanos a la creación de políticas públicas).
Ruiz-Tagle, J., Álvarez, M., & Salas, R. (2021). Estigmatización territorial y la (re)construcción histórica del “enemigo interno” en Santiago de Chile: minería de texto en prensa.

Para Ruiz-Tagle (2017), el impacto de la estigmatización territorial puede sintetizarse en tres grupos de consecuencias generales.
Primero, efectos psicosociales en cuanto a la solidaridad y a la acción comunitaria, con consecuencias directas sobre la autoimagen, el sentido de pertenencia y la habilidad de organizarse entre residentes de áreas pobres. Esta situación podría verse intensificada cuando los residentes se estigmatizan entre ellos mismos (o desvían el estigma) y aumentan la distancia mutua refugiándose en la esfera privada del hogar (Wacquant et al., 2014).
En segundo término, se encuentran los efectos institucionales, que apuntan a inversiones o desinversiones que, basadas en la reputación de ciertos lugares, afectan el destino y las oportunidades futuras de sus residentes (Slater, 2017). Así, la difamación espacial es capaz de producir un deterioro de la calidad y cantidad de servicios locales (Blokland, 2008), junto con restringir las posibilidades laborales y educacionales de sus habitantes (Wacquant et al., 2014).
Por último, los efectos sociales apuntan a la fragmentación social, la crítica a la dependencia de los servicios del Estado, y las políticas públicas nacionales de carácter asistencial y/o de control social.


